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DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO (8 agosto 2010) 
viernes, agosto 6, 2010, 03:55 PM - Comentarios a las Lecturas
DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO (8 agosto 2010)

1ª Lectura: Sabiduría 18, 6-9: Con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti.

Salmo 32: Dichoso el pueblo a quien Dios escogió

2ª Lectura: Hebreos 11,1-2.8-19: La fe es el fundamento de lo que se espera

Evangelio: Lucas 12, 32-48: Estad preparados.


La primera lectura y el evangelio nos hablan de la certeza de que Dios viene a nosotros y de la actitud del creyente que debe ser de espera vigilante.
La segunda lectura nos explica esta actitud de espera al hablarnos de la fe como “seguridad” de lo que se espera y “prueba” de lo que no se ve. Los ejemplos de los patriarcas y de Sara nos insisten en la garantía de creer en Dios porque siempre cumple su palabra. La Palabra de Dios es más fiel, firme, veraz y segura que las palabras y promesas humanas.
El evangelio nos hace unas recomendaciones concretas para seguir al Señor (la vida del cristiano es un camino hacia Cristo) y para vivir con actitud vigilante, una virtud esencial en la vida cristina.
-“No temáis, pequeño rebaño”.La invitación a la confianza y la consideración de que el seguir con fidelidad a Jesucristo es algo que descubren unos pocos.
-“Vended, dad limosna, acumulad lo que no pierde valor”. Aligerar la vida y el corazón. Los bienes materiales pueden atarnos, ocuparnos y hasta esclavizarnos. Hay que estar en condiciones de elegir y preferir lo mejor.
- “Como los buenos siervos estad preparados” para el trabajo, la acción (ceñida la cintura) y atentos (encendidas las lámparas) a lo que el Señor nos puede pedir en cada momento. Lo contrario ya lo vimos en la parábola de las doncellas sensatas/insensatas. Atentos para el bien que el Señor nos proponga, esperar y entrar.
Estas palabras del Señor pueden parecer exageradas o excesivas. El nos regala su Reino, que no es solamente el cielo, sino la posibilidad de vivir en el mundo desde su palabra que es fuente de bien, de paz, de amor; que nos hace entender la vida de otra manera. Cuando llenamos nuestro corazón de El y de lo fundamental, podemos desprendernos de lo que no está en coherencia con este valor supremo. La renuncia, sin el descubrimiento de un amor mayor, es imposible. El que ama intensamente tiene motivos para ser fiel, porque por nada perdería el amor descubierto y conseguido. Cuando la vida cristiana “cuesta” y se entiende solo como “renuncia” es porque no se ha descubierto la fuente del amor y de la vida, porque no nos hemos encontrado con Jesucristo. El que descubre la perla de gran valor, arriesga y sacrifica lo que haga falta para no perderla.
El verdadero peligro no está en los bienes, sino en el corazón humano que puede adherirse a ellos y cerrarse a Dios y a su palabra, de ahí la importancia de la vigilancia sobre uno mismo.
Hay que procurar tener el corazón y la vida, ocupados por el Señor y preferirle por encima de todo, “amarle sobre todas las cosas”.






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