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DOMINGO 31º DEL TIEMPO ORDINARIO (31 de octubre) 
jueves, octubre 28, 2010, 10:58 AM - Comentarios a las Lecturas
DOMINGO 31º DEL TIEMPO ORDINARIO (31 de octubre)
1ª Lectura: Sabiduría 11, 23-12, 2. Te compadeces, Señor, de todos, porque amas todos los seres.

Salmo 144: Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey.

2ª Lectura: 2ª Tesalonicenses 1, 11-2, 2. Que Jesús nuestro Señor sea vuestra gloria y vosotros seáis la gloria de él.

Evangelio: Lucas 19, 1-10. El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Jericó es un oasis a unos treinta kilómetros de Jerusalén. Allí, entre mucha gente pero, como si estuvieran solos, se encuentra Jesús con Zaqueo.

Zaqueo es una persona que cae muy mal a la gente de su pueblo, es considerado un pecador; es rico y jefe de publicanos, considerados enemigos de la gente porque les sacaban el dinero para los romanos; además, tenían fama de no ser muy honrados.
Sin embargo Zaqueo cae muy bien a los niños: es pequeño de estatura y está muy empequeñecido por la vida que lleva; pero tiene mucho interés en conocer a Jesús y se sube a un árbol para verle pasar; sabe que necesita elevarse y mirar por encima de ras de suelo. Cuando Jesús le mira y le llama, que es quien tiene la iniciativa y quien primero quiere conocer a Zaqueo, baja muy enseguida, y sin que el Señor le pida nada, reacciona muy bien: devuelve y comparte con gran generosidad. Además, Jesús le dice lo mismo que dice a los niños de primera comunión y a los mayores:”Hoy tengo que hospedarme en tu casa”. La experiencia de sentirse amado le lleva a compensar el mal que ha hecho y a cambiar de vida.

Jesús, más que entrar en su casa, lo que quería era entrar en su vida, no para complicársela, sino para cambiarlo, para salvarlo, para que fuera una persona nueva. Impresiona contemplar cómo nos busca el Señor, por puro amor e interés, y cómo nos encuentra. La primera lectura nos dice: “te compadeces de todos, porque todo lo puedes…amas a todos y no odias nada de lo que has creado... das oportunidad para que tus criaturas se conviertan y crean en ti”.

La gente, nos dice el evangelio, que murmuraba porque no comprendieron el mensaje de misericordia y que el Señor viene “a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.
Zaqueo, cuando recupera la dignidad que le devuelve el Señor, comprende que la misericordia del Señor está antes que nuestros méritos personales y que el dinero no es ningún valor absoluto a quien compense sacrificar la vida, porque nos empequeñece y nos endurece el corazón.

Todos somos ese Zaqueo que Dios busca sin descanso. También a nosotros nos mira, nos llama por nuestro nombre y nos pide alojarse en nuestra casa, para transformarnos más en él. Cuando nuestra vida está llena de dureza, de intransigencia, de egoísmo… es porque aún no hemos experimentado la misericordia en nosotros. La bondad de Dios, vivida como don gratuito, nos hace ser bondadosos y nos lleva a la conversión.

También hay muchos Zaqueos cerca de nosotros; que el don de Dios en ellos nos mueva a la alegría y a la acción de gracias, porque se está haciendo realidad el salmo de hoy: “el Señor es clemente y misericordioso…es bueno con todos…es cariñoso con todas sus criaturas”.

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