Blog del párroco
Celebración comunitaria de la Unción de enfermos 
jueves, abril 29, 2010, 12:42 AM - Avisos
UNCIÓN DE ENFERMOS
Celebración: -día: jueves 29 de abril
-hora: preparación a las 12.
Santa misa y administración del sacramento 12’30.

Es uno de los siete sacramentos instituidos por Jesucristo.
Ya está esbozado en Marcos 6,13: “ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban”.
Es recomendado a los fieles y promulgado por el Apóstol Santiago (5, 14-15): “¿Está enfermo alguno de vosotros?, llame a los presbíteros de la Iglesia, oren por él y lo unjan con óleo en el nombre del Señor; y la oración de fe salvará al enfermo y el Señor lo aliviará y los pecados que hubiese cometido le serán perdonados”.
La Iglesia siempre la ha celebrado y administrado.
El concilio de Florencia dice. “Se concede la gracia del Espíritu Santo, cuya unción limpia los pecados y las reliquias del pecado, alivia y conforta el alma del enfermo suscitando en él una gran confianza en la misericordia divina, con lo que el enfermo sobrelleva mejor su sufrimiento y resiste mas fácilmente a las tentaciones del demonio y consigue la salud del cuerpo si fuera conveniente a la salud del alma”.
El Vaticano II le da el nombre de Unción de enfermos (no extremaunción) y enseña que se puede recibir en la última etapa de la vida, cuando se es mayor. Dice: “Toda la Iglesia encomienda a los enfermos al Señor paciente y glorioso, para que los alivie y los salve, y los exhorta a que, asociándose voluntariamente a la pasión y muerte de Cristo, contribuyan así al bien de todo el Pueblo de Dios”.
La materia es aceite de oliva consagrado en la Misa crismal.
El ministro, el sacerdote.
Lo pueden recibir los enfermos (se puede volver a recibir si se agrava la enfermedad), las personas mayores y quienes vayan a someterse a una operación que pueda suponer un grave riesgo para la vida. También se le puede administrar a un enfermo que no tiene en uso los sentidos si se presume que, como creyente, la hubiese pedido. Nunca a quien se sabe que la hubiera rechazado. A los difuntos no se les puede administrar, porque los sacramentos son para los vivos. Ante los difuntos se reza para que el Señor, con su misericordia los perdone y salve. Si no se tuviese certeza sobre el fallecimiento se puede la Iglesia permite practicarlo “sub conditione”.
La forma es:”Por esta santa Unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. R. Amén (se unge la frente).Para que libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad. R. Amén (se ungen las palmas de las manos)”.

Dentro de la celebración de la eucaristía se administra después de la homilía según el siguiente orden:
-Preces e imposición de manos.
-Oración de acción de gracias sobre el óleo
-Unción
-Oración sobre el enfermo:
Te rogamos, Redentor nuestro,
que por la gracia del Espíritu Santo,
cures el dolor de los ancianos y enfermos,
sanes sus heridas,
perdones sus pecados,
ahuyentes todo sufrimiento de su cuerpo y de su alma,
sientan en su soledad el calor de tu presencia
y les des la salud espiritual y corporal,
para que restablecidos por tu misericordia
permanezcan en la fe y en la esperanza
y manifiesten a todos el consuelo de tu amor.

Como todos los sacramentos, es una gracia extraordinaria de Dios para acrecentar nuestra esperanza






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Celebración comunitaria de la Unción de Enfermos 
jueves, abril 29, 2010, 12:26 AM - Noticias
UNCIÓN DE ENFERMOS
Celebración: -día: jueves 29 de abril
-hora: preparación a las 12.
Santa misa y administración del sacramento 12’30.

Es uno de los siete sacramentos instituidos por Jesucristo.
Ya está esbozado en Marcos 6,13: “ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban”.
Es recomendado a los fieles y promulgado por el Apóstol Santiago (5, 14-15): “¿Está enfermo alguno de vosotros?, llame a los presbíteros de la Iglesia, oren por él y lo unjan con óleo en el nombre del Señor; y la oración de fe salvará al enfermo y el Señor lo aliviará y los pecados que hubiese cometido le serán perdonados”.
La Iglesia siempre la ha celebrado y administrado.
El concilio de Florencia dice. “Se concede la gracia del Espíritu Santo, cuya unción limpia los pecados y las reliquias del pecado, alivia y conforta el alma del enfermo suscitando en él una gran confianza en la misericordia divina, con lo que el enfermo sobrelleva mejor su sufrimiento y resiste mas fácilmente a las tentaciones del demonio y consigue la salud del cuerpo si fuera conveniente a la salud del alma”.
El Vaticano II le da el nombre de Unción de enfermos (no extremaunción) y enseña que se puede recibir en la última etapa de la vida, cuando se es mayor. Dice: “Toda la Iglesia encomienda a los enfermos al Señor paciente y glorioso, para que los alivie y los salve, y los exhorta a que, asociándose voluntariamente a la pasión y muerte de Cristo, contribuyan así al bien de todo el Pueblo de Dios”.
La materia es aceite de oliva consagrado en la Misa crismal.
El ministro, el sacerdote.
Lo pueden recibir los enfermos (se puede volver a recibir si se agrava la enfermedad), las personas mayores y quienes vayan a someterse a una operación que pueda suponer un grave riesgo para la vida. También se le puede administrar a un enfermo que no tiene en uso los sentidos si se presume que, como creyente, la hubiese pedido. Nunca a quien se sabe que la hubiera rechazado. A los difuntos no se les puede administrar, porque los sacramentos son para los vivos. Ante los difuntos se reza para que el Señor, con su misericordia los perdone y salve. Si no se tuviese certeza sobre el fallecimiento se puede la Iglesia permite practicarlo “sub conditione”.
La forma es:”Por esta santa Unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. R. Amén (se unge la frente).Para que libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad. R. Amén (se ungen las palmas de las manos)”.

Dentro de la celebración de la eucaristía se administra después de la homilía según el siguiente orden:
-Preces e imposición de manos.
-Oración de acción de gracias sobre el óleo
-Unción
-Oración sobre el enfermo:
Te rogamos, Redentor nuestro,
que por la gracia del Espíritu Santo,
cures el dolor de los ancianos y enfermos,
sanes sus heridas,
perdones sus pecados,
ahuyentes todo sufrimiento de su cuerpo y de su alma,
sientan en su soledad el calor de tu presencia
y les des la salud espiritual y corporal,
para que restablecidos por tu misericordia
permanezcan en la fe y en la esperanza
y manifiesten a todos el consuelo de tu amor.

Como todos los sacramentos, es una gracia extraordinaria de Dios para acrecentar nuestra esperanza






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CUARTO DOMINGO DE PASCUA. DEL BUEN PASTOR 
domingo, abril 25, 2010, 10:47 AM
CUARTO DOMINGO DE PASCUA
“Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen”

1ª lectura: Hechos 13, 14.43-52: Nos dedicamos a los gentiles.
Nos narra el primer discurso de Pablo, dentro de su primer viaje apostólico, desde Antioquia de Pisidia; se dirige a los judíos de la diáspora y a los gentiles. Hace referencia al núcleo de su predicación:”El justificará al que crea”.
Pablo es consciente del mandato del Señor de dirigirse a todos, judíos y gentiles. Muchos le siguieron, los gentiles se alegraban y alababan la palabra del Señor y los “discípulos quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo”. Tuvieron dificultades con la comunidad judía.
Ya aparece el deber de la Iglesia de anunciar la Palabra a todos los hombres, a los que se han alejado de la Iglesia, a los que provienen de otras culturas y comunidades eclesiales y a los alejados, a quienes no se les ha anunciado nunca; y esto entraña dificultades, en un ambiente de comodidad y de increencia, donde parece que no interesa en absoluto el evangelio.
Las dificultades nos deben urgir a llevar una vida cristiana más coherente y comprometida con los necesitados: la autenticidad, el sacrificio y la caridad son incuestionables y siempre interpelan. El Resucitado, Buen Pastor, camina junto a nosotros y es quien nos guía y sostiene.

Salmo 99, 2.3.5. Somos su pueblo y ovejas de su rebaño

2ª lectura: Apocalipsis 7,9.14b-17. El Cordero será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.
Contemplamos la victoria de “los que vienen de la gran tribulación”, de los que proceden de este mundo y, como consecuencia de su fidelidad y entrega, han sufrido por Jesucristo. Ellos interceden y piden que llegue pronto el Reino de Dios que liberará de todo sufrimiento y opresión.

Evangelio: Juan 10, 27-30. Yo doy la vida eterna a mis ovejas
Este pasaje aparece tras el signo de la curación del ciego de nacimiento y Jesús quiere hacer comprender a los dirigentes judíos que él es el Mesías esperado y que llevará adelante su misión como “Luz del mundo” y “Buen Pastor”.
La acción de Jesús aparece descrita en los verbos que utiliza el evangelista: conocer, dar vida (vida eterna), no dejar arrebatar (ofrecer seguridad, proteger en el peligro…) El amor del Pastor interpela al creyente a vivir la fe como “escuchar la voz” y “seguirle”, son las dos acciones que caracterizan al discípulo: escucha atenta y seguimiento incondicional, ser de los suyos.
Necesitamos despertar en nosotros la capacidad de escucha.
Cuando se trata de la Palabra de Dios, tenemos el peligro de pensar “ya me lo sé, es siempre lo mismo” y no dejarnos interpelar. Solo con un corazón sencillo y lleno de amor e interés, podemos acoger la palabra de Jesús con toda su frescura y novedad, con toda la vida que viene de Él. Siempre nos dice algo nuevo desde el “hoy” en el que la escuchamos.
Juan XXIII decía que la Iglesia es como la vieja fuente que está en medio de la aldea y que no deja de manar continuamente agua fresca. Si no somos sensibles a la “frescura y novedad” del evangelio podemos quedarnos en unas formas de religiosidad decadentes, “tranquilizantes”, superficiales porque están mas pendientes de la forma que del fondo, y que mucha gente ve como cargas pesadas de las que hay que huir. En esta sociedad donde nuestras conciencias tienen el peligro de “ser tomadas” con mensajes, imágenes y reclamos de toda clase, necesitamos que resuene la Palabra viva, concreta e inconfundible de nuestro único Señor.
Además hay que seguirlo. Seguirlo hasta la entrega personal, hasta la cruz. Seguir es creer, defender y vivir lo que el creyó, vivió y defendió. Defender a todo ser humano, acercarnos, eficaz y afectivamente a quienes nos necesiten, tener libertad de corazón para hacer el bien , sin dependencias de convencionalismos humanos, tener una confianza llena de paz y amor en el Padre, situarnos ante la vida y la muerte desde la victoria del Resucitado.

La Iglesia, y cada uno de nosotros, porque descansamos junto al corazón del Pastor y nos sentimos cuidados y mimados por El, tenemos que ofrecer nuestros brazos a los hermanos mas débiles, a los mas heridos `por la dureza de la vida, a los mas desorientados en la noche del mundo.
El pastor contempla las estrellas y espera y adivina la salida del sol; el cristiano ve la presencia de la luz de Jesucristo en la noche del mundo, nunca deja de ayudar porque ve en la noche y con esperanza y amor espera un nuevo día, porque el sol que es Jesucristo, nunca deja de salir.

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Mes de mayo, mes de María 
sábado, abril 24, 2010, 01:07 AM
Mes de mayo, mes de María.
Desde mi infancia he sabido que el mes de mayo era el mes dedicado especialmente a la Virgen María. Mes de las flores, mes de María. Luego, ya mayor consideré, “si de las flores vienen los frutos, el mejor fruto, que es Jesucristo –el fruto bendito de tu vientre- tiene que provenir de la mas hermosa de las flores, que es María; en él encontramos la fuerza para curar y redimir todo el mal que originó aquel primer fruto del paraíso”.
La Virgen María es la Madre que nos da el Señor desde la cruz. Después nos entregó su espíritu, antes de descansar en los brazos del Padre. Eucaristía, amor, servicio humilde, perdón, Madre, espíritu… ¡Cuánto don, cuanto regalo!
Nos dio a su Madre como “modelo de fidelidad a la Palabra y estímulo constante para nuestra caridad”, como dice el prefacio de la misa de la Virgen de los Desamparados. Nos la dio como modelo de vida cristiana: ser cristiano es ser como María e implicarnos en la misión de Cristo como ella. Nos la dio como Madre en quien encontrar amparo, consuelo, remedio…y como meta, en su asunción, para que conozcamos el fin al que se dirige la Iglesia y cada cristiano en particular, y nunca vacile nuestra esperanza. Como María, nuestro destino es el cielo.
María es quien urge a la dulzura, al silencio, a la fortaleza, a la perseverancia, a la escucha, a la confianza, a la mediación. Necesitamos acudir a la “escuela de María” para aprender a ser cristianos.
En la vida de piedad del cristiano hay muchas oraciones que nos mantienen en cercanía con la Madre; el Ave María es muy especial. Oramos con el arcángel en la anunciación “Dios te salve María, llena de gracia…el Señor está contigo y en ti”; con la prima Isabel “bendita tu eres entre todas las mujeres, madre de mi Señor y bendito el fruto de tu vientre”. María dirá “me llamaran dichosa todas las generaciones” –feliz porque has creído, oh Madre del Señor-, y la seguimos llamando desde todas las culturas. Santa María, ruega por nosotros como en Caná, ahora y en la hora de nuestra muerte, tu que viviste tu hora en la gran hora de Cristo.
El Magníficat, la salve, el acordaos, el bendita sea tu pureza, el ángelus, el Regina coeli, el rosario…para verlo todo con los ojos de María y vivirlo todo con el coraje y el amor de María.
Las imágenes de la Virgen nos ayudan: en los templos, en nuestras casas, en el pecho…como se tiene la imagen de alguien muy querido a quien se tiene muy presente.
Hoy lugares donde la imagen de la Virgen se venera con un cariño especial: capillas, santuarios, ermitas. A veces, hay historias preciosas detrás de algunas tradiciones que nos cuentan el gran amor que se ha tenido a la Virgen y todo lo que el pueblo cristiano ha visto en ella. Le hemos dado toda clase de nombres para hacerla mas nuestra (lugares) o manifestar todo lo que le pedimos (advocaciones).
Los santuarios, han sido y siguen siendo, meta de romerías del pueblo cristiano. Acudimos a esa casa especial de la Madre donde tantos otros cristianos como nosotros han acudido a tantas cosas y en tantas situaciones y necesidades. Acudimos como romeros, recordando nuestra condición de caminantes y peregrinos; a lo que cada uno necesita, como se va siempre a la casa de la Madre. La romería durante el mes de mayo es como un obsequio especial, como una visita especial. Rezamos, cantamos, agradecemos, ofrecemos…siempre se vuelve nuevo cuando se ha vivido un encuentro de hermanos con la Madre desde el amor.

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TERCER DOMINGO DE PASCUA 
domingo, abril 18, 2010, 12:47 AM - Comentarios a las Lecturas
TERCER DOMINGO DE PASCUA

Las lecturas nos siguen centrando en el misterio pascual que celebramos.

Hechos 5, 27-32.40-41: Dios ha resucitado a Jesús
Los apóstoles son acusados de enseñar en nombre de Jesús. Ellos responden que “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”, que equivale a creer. El Sanedrín les prohibirá hablar de Jesús, pero ellos lo seguirán haciendo con la fuerza del espíritu Santo y estarán contentos de sufrir en nombre el Señor y por los trabajos del evangelio.

Salmo 29: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Apocalipsis 5,11-14: Al que está sentado en el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y poder por los siglos. Es el triunfo del Resucitado, quien tiene la plenitud de gloria que recibe de Dios.

Juan 21, 1-14: El discípulo a quien Jesús tanto quería dice a Pedro: es el Señor.
En el Evangelio vemos a Jesús Resucitado que acompaña y anima la misión de los discípulos. Galilea es el lugar donde se manifiesta el Señor y que nos indica que le encontramos en las tareas cotidianas (en la pesca).
Trabajan bajo la orden de Pedro, pero es de noche y vuelven de vacío. Solo cuando siguen las indicaciones del Señor tienen pesca abundante. Trabajar en nombre de Jesucristo hace eficaz el trabajo evangelizador.
El discípulo amado es quien tiene el privilegio de conocer al Señor.
Jesús, no solo da fecundidad al trabajo de los discípulos sino que los prepara y convoca para la comida eucarística; él es el único pan que se parte y reparte, y aunque no necesite la pesca de sus discípulos (ya están los peces sobre las brasas) pide la colaboración humana. “traed de los peces que habéis pescado”.
Simón Pedro, en nombre de todos, saca la red rebosante y lleva al Señor el trabajo de los siete. Estamos ante una Iglesia en la que caben todos y nadie se pierde (la red no se rompe).
Pedro ocupa un lugar muy significativo: convoca a los discípulos y lleva ante el Señor la red repleta. Antes de reconocer al Señor estaba desnudo (signo de su debilidad y pobreza); cuando le conoce se ciñe un vestido (signo de su disposición para el servicio) y se lanza al agua (gesto que significa entrega de vida).
A Pedro el Señor le pedirá un amor mas grande, “¿me amas mas que estos?”. Compartir con Cristo el oficio de pastor exige compartir también su muerte.

Cristo resucitado se hace presente en medio de la vida (están pescando) y cuando nos invita a celebrar los sacramentos (“vamos, almorzad”), nos cambia la vida (estaban de vacío y provoca una gran pesca) y nos abre los ojos de la fe para que reconozcamos que es el Señor.

Solo desde la fe podemos reconocer a Cristo resucitado, fortalecer los vínculos con él y encontrar fuerzas para lanzarnos al mar del servicio y de la evangelización. Esto siempre es duro, porque nos encontramos con una sociedad marcada por la increencia, el egoísmo, la violencia.
Pero es el Señor quien nos prepara la mesa y quien valora lo que nosotros ponemos de nuestra vida y trabajo para que la pesca no deje de ser abundante.

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