Blog del párroco
MES DEL REMEDIO, MES DEL ROSARIO, MES DE OCTUBRE (2012) 
viernes, septiembre 28, 2012, 10:26 AM - Otros
MES DEL REMEDIO, MES DEL ROSARIO, MES DE OCTUBRE (2012)

Comienza el mes de octubre con la fiesta de Santa Teresita del Niño Jesús, doctora de la Iglesia. En el corazón de la Iglesia quería ser el amor; frágil de cuerpo y fuerte y firme de espíritu, la fortaleza de la fe y del amor. La Iglesia la proclamó patrona de las misiones, porque se puede ser misionera desde el Carmelo de Lisieux.

El día dos celebramos a los Santos Ángeles Custodios, seres espirituales que nos protegen, que hacen cercana y personal la providencia de Dios, el cuidado amoroso con el que nos guarda el Señor a cada uno. Y que nos traen buenas noticias de Dios. “Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me dejes solo ni de noche ni de día, no me dejes solo, que me perdería”.

El día tres celebramos a San Francisco de Borja (1510-1572), el Santo Duque de Gandía. A la muerte de su esposa se hizo jesuita, llegando a ser superior general. Amigo de santos, de San Ignacio de Loyola y de San Francisco Javier (…dime con quién andas…) descubrió que no quería servir a ningún señor que muriera y eligió al mejor.

El día cuatro nos trae la fiesta de San Francisco de Asís (1182-1226). Instauró un estilo de vida basado en la pobreza y en la sencillez, camino de la verdadera libertad; para ser feliz hay que vivir la fraternidad. Quien descubre y vive a Dios como Padre tiene una visión distinta de los demás, de sí mismo y del mundo que le rodea. “Las huellas del caudillo enamorado, sigamos con fervor, vamos tras él”. Su estilo de vida se ha concretado en las distintas órdenes franciscanas. Paz y bien.

El día cinco es tiempo de acción de gracias y de petición (témporas de septiembre).Se celebraban terminada la recolección de las cosechas. Tanto el que pide como el que agradece se siente pobre y necesitado, y esto le mueve a corresponder.

El día seis San Bruno, fundador de los cartujos, amante de la soledad y del silencio, necesarios para encontrarse consigo mismo y acoger y escuchar a Dios y a los demás.

Y el día siete, Nuestra Señora del Remedio, Titular de Nuestra Parroquia. La Titular da nombre a una comunidad cristiana; la Iglesia nos la propone como modelo de vida y como intercesora. El Título de “Remedio”, el mismo con el que venera a la Santísima Virgen la Orden Trinitaria, indica que la Virgen es para nosotros el medio necesario en todas las situaciones de dificultad; María es la medicina más eficaz, “por Vos en la Encarnación logramos la libertad” y la liberación. “Eres Remedio de nuestras penas, tienes de gracia las manos llenas”. “Virgen Santa del Remedio, por tu gran misericordia, por tu Hijo soberano, que nos alcancéis la gloria”.”Vuestro Remedio, oh María, es medio el más oportuno, para con Dios Trino y Uno, eterna sabiduría, vuestra gran abogacía mostráis en la adversidad…”El Remedio que nos ofrece es Jesucristo.

También celebramos el día siete de octubre a Ntra. Sra. del Rosario. María estuvo junto a Jesús en todos los momentos y es la primera que participa de los frutos de la resurrección. El Rosario es una oración mental y vocal. Contemplamos los misterios de la vida del Señor, y desde ellos buscamos luz para entender los momentos de nuestra vida mientras invocamos a María con la oración del ángel y de la iglesia. Juan Pablo II decía que el Rosario nos enseña a mirar el mundo con los ojos de María. Es una oración muy recomendada por santos y papas y nos permite interceder por muchas necesidades ofreciendo cada misterio por una intención. Si lo rezamos sin prisas, nos da mucha paz.

Participemos en el triduo de preparación a la fiesta de nuestra Titular, la Virgen del Remedio, y celebremos su fiesta. La misa solemne la celebraremos el domingo día 7 a las 13 horas.

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DOMINGO 26º DEL TIEMPO ORDINARIO ( 30 de septiembre de 2012) 
viernes, septiembre 28, 2012, 08:13 AM - Comentarios a las Lecturas
DOMINGO 26º DEL TIEMPO ORDINARIO (30 de septiembre)

1ª Lectura. Números 11, 25-29. ¿Estás celoso de mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta!

Salmo 18. Los mandatos del Señor alegran el corazón

2ª Lectura. Santiago 5, 1-6. Vuestra riqueza está corrompida.

Evangelio. Marcos 9, 37-42.44.46-47. El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Si tu mano te hace caer, córtatela.

El evangelio de hoy nos ofrece dos enseñanzas fundamentales. Una nos abre a todas las personas de buena voluntad que desde distintos planteamientos, mentalidades o creencias hacen el bien a los demás:”el que no está contra nosotros está a favor nuestro”. La otra nos alerta sobre cualquier acción que pueda ser ocasión de escándalo.

Los cristianos debemos valorar el bien venga de donde venga y estar dispuestos a colaborar con todas las personas que lo hacen. Hacer el bien y trabajar por los demás no es exclusivo de los discípulos del Señor. En determinados momentos hemos tenido el peligro de ser especialmente celosos en hacer el bien, pensando que es misión exclusiva nuestra. Esta clase de celos “indica” que podemos buscar más el protagonismo y reconocimiento social que el bien real de los otros. Los cristianos debemos ser muy abiertos para colaborar con todos los que están implicados en defender los derechos de las personas, en trabajar contra la pobreza y a favor de la dignidad del ser humano. Y valorar y apoyar toda iniciativa y proyecto que favorezca el bien de las personas venga de donde venga. En la primera lectura Moisés dice “¡ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el Espíritu del Señor!”. El Espíritu, gracias a Dios, no está encerrado en la institución ni en la autoridad, nadie tiene la propiedad y desborda a todo el pueblo. Moisés, muy sensatamente, se alegra y deja hacer el bien. Esta actitud cristiana es poco partidista, muy eficaz y respetuosa.

La otra enseñanza fundamental es prevenirnos contra el peligro de escándalo. “Escandalizar” es poner a alguien un tropiezo para que caiga en el camino. Los pequeños son los niños, pero también los sencillos, los débiles en formación, los que mantienen una práctica religiosa de mínimos (los débiles en la fe). La gravedad del escándalo está en que en vez de defenderlos y ayudarlos se les corrompe y se les pone en situación de perderse. El peligro a escandalizar o desorientar debe hacer que tengamos un gran cuidado y que nos sintamos muy responsables ante la repercusión de nuestros actos.

El escándalo también puede utilizarse como excusa para justificar el no cumplimiento de las propias obligaciones. En este tiempo los medios de comunicación deberían ser más responsables con las noticias e imágenes que emiten y con los comentarios que hacen, ya que pueden ser una influencia nociva para los “pequeños” y “débiles” de la sociedad. Informar sin favorecer lo morboso, siempre malo para todos.

También son muy duras las palabras del Señor hacia el que recibe el escándalo: “si tu mano…tu pie…tu ojo… te hace pecar…córlatelo…sácatelo…” El cristiano y toda persona de buena voluntad debe tener el valor de evitar, aunque piense que tiene derecho, está formado o es adulto, todo aquello que le pueda perjudicar en su vida moral y en la visión que va teniendo de los demás, de la sociedad y de la vida, porque ponerse en peligro es un riesgo irresponsable. Hemos creado un ambiente cultural en el que lo erótico, las infidelidades, la falta de pudor en lo que se dice y en lo que se muestra, la violencia…hace que se vea como normal lo que es malo y peligroso. Debemos preservar a los niños y a los mayores.

El cristiano no se sitúa ante la vida con espíritu timorato. Es consciente de su fragilidad, de la realidad de la tentación, de la inclinación al mal, y favorece lo bueno y evita lo malo. Solo los mandatos del Señor “alegran el corazón”.

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DOMINGO 25º DEL TIEMPO ORDINARIO (23 de septiembre) 
sábado, septiembre 22, 2012, 04:11 PM - Comentarios a las Lecturas
DOMINGO 25º DEL TIEMPO ORDINARIO (23 de septiembre)

1ª Lectura. Sabiduría 2, 17-20. Lo condenaremos a muerte ignominiosa.

Salmo 53. El Señor sostiene mi vida.

2ª Lectura. Santiago 3, 16-4, 3. Los que procuran la paz están sembrando la paz; y su fruto es la justicia.

Evangelio. Marcos 9, 29-36. El Hijo del Hombre va a ser entregado…El que quiera ser el primero, que sea el servidor de todos.

Jesús, en el evangelio, cambia nuestra idea de grandeza: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. Y lo explicó tomando un niño y poniéndolo en medio, lo abrazó y dijo: “El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí…acoge al que me ha enviado”.
El más grande es el que sirve al más pequeño, a quien se trata con verdadera delicadeza (“lo abrazó”) y se coloca en el lugar principal. El más grande es el que mejor trata a los niños, a los ancianos, a los enfermos, a los pobres. A los que no pueden corresponder y a quienes es más fácil utilizar. Los criterios del mundo son otros, sin embargo, este texto marca el estilo y la misión de la Iglesia y de los cristianos. Somos servidores de los pequeños. “Acoger” es tener al otro como a alguien de tu familia, como algo propio.

Tenemos tendencia a esconder la pobreza, la enfermedad…porque lo que no se ve parece que no existe. Jesús “pone en medio” , a la vista de todos al pequeño y pide que sea acogido “en su nombre”, como si de él se tratara.

Si queremos seguir a Jesucristo no podemos estar ciegos ante los problemas de las personas ni contentarnos con palabras y explicaciones; el cristiano se implica, es servidor y compasivo. Esta actitud es la propia de quien, como Cristo, quiere dar la vida, evitando la tentación de vivir para uno mismo.
Los niños siempre han estado cerca del Señor; los bendecía, le seguían tan de cerca, que a veces los apóstoles se los querían quitar de encima (“dejad que los niños se acerquen a mí, de los que son como ellos es el Reino de los cielos”), le acompañaron cantando y alfombrando el suelo en la entrada a Jerusalén…Entre los discípulos del Señor, de manera activa, había niños. La Iglesia debe prestarles mucha atención y cuidar su formación y evangelización.

No es suficiente la catequesis parroquial para la formación cristiana de los niños. La primera Iglesia es la familia y los primeros evangelizadores los padres. La celebración de los sacramentos de incorporación a la Iglesia (bautismo-confirmación-eucaristía) tiene una carga social tan grande, que se tiene el peligro de cuidar y preparar con esmero la celebración, sin prestar atención a la preparación y a la continuación en la formación. Aquí las comunidades cristianas tenemos un largo camino. Otra gran dificultad es el que no se valore la catequesis y la formación religiosa; se piensa que, solamente con “querer recibir los sacramentos” ya se está preparado.

Los niños son serviciales y participativos; les gusta hacer oración y les atrae la vida de personas ejemplares, como han sido los santos. Conocen muy pronto a Jesús y a su familia y les fascina conocer lo que Jesús hacía solamente por amor, porque era muy bueno; cuando viven su amistad con Jesús, como algo que les ayuda, porque a ellos también les quiere, se sienten contentos. Pero hay que estar con ellos y dedicarles tiempo. El Señor nos los pone en el centro de atención, en la misión de la Iglesia.

Dejémonos llevar por la sabiduría de Dios, como nos dice Santiago en la segunda lectura, esa sabiduría que es pura y amante de la paz, comprensiva, llena de misericordia y de buenas obras, para que seamos buenos evangelizadores.
Que así sea.

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DOMINGO 24º DEL TIEMPO ORDINARIO (16 de septiembre 2012) 
viernes, septiembre 14, 2012, 11:23 PM - Comentarios a las Lecturas
DOMINGO 24º DEL TIEMPO ORDINARIO (16 de septiembre de 2012)

1ª Lectura. Isaías 50, 5-10. Ofrecí la espalda a los que golpeaban.

Salmo 114. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.

2ª Lectura. Santiago 2, 14-18. La fe, si no tiene obras, está muerta.

Evangelio. Marcos 8, 27-35. Tú eres el Mesías…El Hijo del hombre tiene que padecer mucho.

La Palabra de Dios siempre es clara, interpela, compromete…y libera. “Salvar la vida” ¿Quién no quiere salvar su vida?, es el objetivo y la meta de toda existencia humana.

Jesús nos dice que no se consigue viviendo para sí mismo, para el propio interés, el propio egoísmo o la propia codicia. Que no es cosa de defenderse de todos y de todo. Que no se salva cuando uno triunfa, tiene éxito o lo inmortalizan. Cada uno no puede salvar su vida por mucho que haga o le hagan. Nos la salvará Jesucristo, cuando vivamos con él, como él, para lo que vivió él; por eso se salva cuando “se pierde por el Evangelio”.

Jesús nos invita a seguirle. Seguirle no es conocer su historia, su doctrina, sus valores. Seguirle es vivir en las condiciones de él, asumir como propio su proyecto, tener su estilo, utilizar sus métodos. Seguirle es confiar del todo en él y en todo lo suyo. Eso es “negarse a sí mismo”. No es hacer el bien a nuestra manera, sino hacer “su voluntad” y, además, “a su manera”. Por eso hay que “cargar con la propia cruz”.

Jesús parece que da por supuesto que todos tenemos “cruces”. Es una forma de mirar la vida considerando todo lo que nos puede hacer sufrir: la enfermedad, la vejez, los afectos, defectos y pecados, los desaciertos y fracasos; “nuestra gente” con todo lo que son, viven y les sucede; todo lo que hace sufrir a nuestros hermanos los hombres. La “cruz” es el descubrimiento de que esta vida y este mundo no son el todo, la meta, lo definitivo…y de que el ser humano aquí no se siente completo y realizado. “Coger la cruz” es aceptar con realismo, valor y esperanza la vida. Al cristiano no le frenan las dificultades ni le acobardan los sacrificios; acepta la vida con todas sus condiciones con fortaleza, sacrificio y, sobre todo, mucha esperanza, porque sigue a Jesucristo, hermano mayor que ha llevado la más pesada de las cruces.

Hoy Pedro escucha de boca de Cristo la más dura recriminación: “Apártate de mi vista, Satanás, porque piensas como los hombres y no como Dios”. Pedro lo único que quería era que Cristo apartara el sufrimiento y el fracaso de su misión y de su vida. Pedro huye de la cruz. Cuando esto ocurre, se vive para sí mismo, y no para los demás. “Hay que perder la vida”, “negarse a sí mismo”, “agarrarse a la cruz”. Esto es “pensar como Dios”. Los hombres, el mundo, piensan y viven de otra manera.

La segunda lectura nos pide que nuestra fe no se quede en palabras, en propósitos, deseos o devociones: obras, obras de amor, obras que supongan asumir la realidad, por difícil que parezca, desde el evangelio; obras que remedien el sufrimiento real del hermano. ¡Hay tantas obras “posibles y urgentes” consecuencia de la fe! Isaías, en la primera lectura nos habla del “espíritu” con el que realizarlas: de manera pacífica, sin contestar la violencia con más violencia. Dios es así. Oye los gemidos de los que sufren y solo grita en la cruz, cuando hace suyo todo el sufrimiento humano y lo transforma, desde el perdón y la donación de sí mismo, en vida.


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DOMINGO 23º DEL TIEMPO ORDINARIO ( 9 de septiembre 2012) 
sábado, septiembre 8, 2012, 03:58 PM - Comentarios a las Lecturas
DOMINGO 23º DEL TIEMPO ORDINARIO (9 de septiembre 2012)

1ª Lectura. Isaías 35, 4-7ª. Los oídos del sordo se abrirán, la lengua del mudo cantará.

Salmo 145. Alaba, alma mía, al Señor.

2ª Lectura. Santiago 2, 1-5. ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres como herederos del Reino?

Evangelio. Marcos 7, 31-37. Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

El milagro de Jesús de la curación del sordomudo tiene un profundo significado. Marcos nos lo cuenta con todos los detalles. Le presentaron a Jesús este hombre sordo que apenas podía hablar y solamente le piden que le imponga las manos, pero el Señor realiza un gesto muy complejo y lleno de sentido: lo apartó de la gente, le metió los dedos en los oídos, le tocó la lengua con la saliva, miró al cielo y suspiró, exclamó “Effetá”-ábrete. Y se realizó el milagro, “se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba con facilidad”.

El Señor es quien nos hace capaces de escuchar y de comunicarnos, quien nos abre a la comunión con Dios y entre nosotros. La sordera es un mal de todos los tiempos, es la incapacidad de escuchar lo que Dios y lo que los demás nos dicen. Podemos tener oídos solamente para lo que nos interesa. Así, podemos vivir en profunda soledad y encontrarnos muy lejos hasta de los que físicamente están muy cerca.

El diálogo, también es difícil. Podemos, confundir “escuchar” con “esperar turno” para hablar de lo nuestro. Para que exista escucha y comunicación debe haber interés real por los demás. El amor a la verdad y a los demás hace posible la auténtica comunicación. La pérdida del sentido de la oración y de la práctica de escucha a Dios nos hace menos capaces de escuchar a los demás, y hoy no somos amigos del silencio, de la espera y de la escucha.

El Señor nos abre los oídos cuando nos cambia el corazón. El nos da sensibilidad para comprender la situación de los demás y pone en nosotros la palabra adecuada para servir a la verdad sin faltar a la caridad. En la celebración del sacramento del bautismo había un momento en el que se tocaba los labios del catecúmeno con un poco de sal, materia que significa la liberación de la corrupción, y se decía “effetá”-ábrete. Mediante el encuentro con Cristo, que se realiza en los sacramentos, a través del ministerio de la Iglesia, el Espíritu Santo nos transforma y nos hace capaces de sentirnos hijos de Dios y hermanos entre nosotros. Celebramos los sacramentos para que ellos nos transformen, para que cambien realmente nuestra vida, no son una práctica que no tiene nada que ver con lo que somos; si no nos cambian, no nos sirven.

En la segunda lectura, el apóstol Santiago nos dice que esa transformación nos tiene que llevar no hacer acepción de personas, a no tratar a los demás en función de lo que de ellas podemos conseguir. Cristo murió por todos y solamente ha distinguido al pobre y necesitado.

Vivimos en tiempo de profundas soledades, de incomunicación, de frialdad en las relaciones, de ingratitudes, de una gran codicia que hace que no se quiera de las personas más que su dinero. Cuando Dios no nos purifica los ojos no vemos más que extraños y rivales; si no nos limpia los oídos, solamente nos escuchamos a nosotros mismos; y si no nos desata la traba de la lengua podemos utilizar la palabra para mentir y para ofender. El Señor sigue pasando junto a nosotros para recrear en nosotros su imagen tan dañada por el pecado.

Que así sea.



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